NPR logo Los Jaivas: How The Band Tried To Mend A Broken Chile In The 1970s

Los Jaivas: How The Band Tried To Mend A Broken Chile In The 1970s

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Los Jaivas

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When the band Los Jaivas exploded onto the Chilean music scene in 1971, its fusion of psychedelic electric guitar with traditional Andean flutes and Afro-Caribbean rhythms was musically innovative. It was also politically daring. Perhaps at no other time or place in Latin American musical history was the ideological divide between rock and folk so stark. And yet, a radical fermentation of musical styles — and ideological principles — was taking place. It was an electrifying moment to be young.

The Left, under Socialist President Salvador Allende, had just won an historic election. To his most ardent supporters, rock was the music of imperialism, los gringos, and folk the music of the people, el pueblo. The sensational How to Read Donald Duck co-authored by the Chilean intellectual Ariel Dorfman had just been published. It was a leftist critique of comic books and, by extension, all forms of imported mass culture. Disney "colonized the mind," the treatise asserted. It was the Left's duty to liberate the nation — and musicians' obligation to recuperate the sounds (and instrumentation) of aboriginal peoples and those once enslaved by the Spaniards. Nothing less than the soul of the nation itself was at stake.

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Los Jaivas started as a rock band in the early 1960s, when they originally called themselves, "High-Bass." The name morphed into "Los Jaivas" through simple phonetic mutation. But it also symbolized a broader shift in rocker consciousness away from the emulation of U.S.- and U.K.-inspired rock sounds toward the creation of a new sonic sensibility, hecho en casa (homemade). By the late 1960s, the group was deeply involved in the emergent youth hippie scene transpiring across central Chile. "Happenings" were the rage and Los Jaivas, with their open-ended jam performances (akin to those of the Grateful Dead), became legendary.

They were also discovering the unique tonal qualities and percussion possibilities of Afro- and Indo-American instruments. In this, they were not alone; other Chilean bands such as El Congreso and Los Blops (subjects for a future blog) were also borrowing ideas and sounds from the vibrant folk peña (coffee-house) scene. For political activists, folk music was regarded as the only music of politics. Rock, by contrast, was the music of anti-politics, or worse: the music of right-wing politics. Groups like Los Jaivas crossed into the folk peña world. By doing so, they exploded the rigid, artificial dichotomy dividing folk and rock and helped redirect the entire trajectory of Chile's nascent rock movement.

Los Jaivas' self-produced first album, El Volatín (1971) was essentially a twenty-hour recorded jam session condensed to fit the length of an LP. (It has since gone on to become a collector's classic, almost impossible to find.) From that album, one song in particular, "Foto de primera comunión" ("Photo of the First Communion") integrated rock with Latin American-derived percussion, similar to what Santana was also experimenting with in the United States. The song was also a subtle critique of the nation's conservative traditional values and the inclusion of the Church bells ringing at the end surely upset some.

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By 1972, when the band's second album Todos Juntos catapulted Los Jaivas to national fame, Chilean society was splintering at its core. In the midst of an ideological battlefield raging on the streets, the album's lead song was a plea for togetherness: "Hace mucho tiempo/que yo vivo preguntándome/para que la tierra es tan redonda/y una sola no mas . . . /para que vivir tan separados/si la tierra nos quiere juntar/si este mundo es uno para todos/todos juntos vamos a vivir" (For a long time now/I've been asking myself/why is the world so round/and made of one? . . . /Why should we live so apart/if the world wants to unite us?/If this world is made for all/let's all live together). The song revealed Los Jaivas's astounding ability to syncretize hard-rock technology with Afro-Latino and indigenous rhythms.

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The album was a watershed, selling 180,000 copies — a phenomenal number for a country the size of Chile. As the Chilean rock scholar, Fabio Salas, has written, Todos Juntos went "against the trend of political polarization, advocating for brotherhood in the midst of division." But it was not enough. Within a year's time, a right-wing military dictatorship would overthrow President Allende and implement a brutal repression. Chile's most famous folk singer, Victor Jara, received the full brunt of the military's wrath. Los Jaivas fled, first to Argentina and later to France, all the while continuing to record. Despite exile, the impact of Los Jaivas on Chile's rock history was profound. More than any other band, it pointed the way toward a musical reconciliation between rock and folk. This was their most lasting legacy.

Eric Zolov is Associate Professor in the Department of History at Franklin and Marshall College, author of Refried Elvis: The Rise Of The Mexican Counterculture (University of California Press) and Rockin' Las Americas: The Global Politics of Rock in Latin/o America, co-edited with Deborah Pacini Hernandez and Hector Fernandez L'Hoeste (University of Pittsburgh Press). Eric will offer an occasional glimpse back the history of this music that we are now calling Latin Alternative and rock en Español.

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Los Jaivas: La Banda Que Trató De Sanar A Chile

La agrupación Chilena Los Jaivas se hizo famosa en 1971 con una innovadora fusión de psicodélica, guitarra eléctrica, flautas andinas tradicionales y ritmos afro-caribeños. Pero también eran una banda con importancia política. Se podría decir que en Chile se vivió la más severa división ideológica de Latinoamérica entre el rock y el folklore. Y sin embargo, una radical fermentación de estilos musicales—y principios ideológicos—también se estaba llevando a cabo. Ser joven en esa época era electrizante.

La victoria del presidente socialista Salvador Allende fue histórica para la izquierda chilena. Para sus seguidores más fieles, el rock era la música del imperialismo, de los gringos, y el folklore era la música del pueblo. El escritor Chileno Ariel Dorfman (junto al belga Armand Mattelart) acababa de publicar el sensacional ensayo Para Leer Al Pato Donald. Según ellos era un "manual de descolonización", una crítica izquierdista de los comics y por ende, de todas las formas de cultura importada. Según Dorfman, Disney "colonizaba la mente." El deber de la izquierda era liberar al pueblo. Y el deber de los músicos era recuperar los sonidos (e instrumentos) de los pueblos aborígenes que una vez fueron esclavizados por los españoles. Estaba en juego nada menos que el alma de Chile.

Los Jaivas comenzaron como una banda de rock en los años 60, bajo el nombre "High-Bass." Jaivas es simplemente una mutación fonética de su nombre original. Pero también el cambio de nombre simbolizó un cambio global en la conciencia del rock. Ya no se buscaba emular a los rockeros norteamericanos y británicos. La meta era lograr un sonido nuevo, casero. Hacia fines de la década de 1960, el grupo estaba profundamente involucrado en la emergente escena hippies chilenos. Los populares conciertos improvisados de Los Jaivas (parecidos a los de los Greatful Dead) eran legendarios.

Los Jaivas también estaban descubriendo el potencial creativo de los instrumentos afro-latinos e indígenas. No eran los únicos; otras bandas chilenas tales como El Congreso y Los Blops (hablaremos sobre ellos en el futuro) también estaban tomando prestadas las ideas y sonidos de las vibrantes peñas chilenas. Para los activistas políticos, la música folklórica era vista como la única opción. Por otro lado el rock era considerado música anti-política, o peor: la música de la derecha. Grupos como Los Jaivas fueron los primeros en meterse en el mundo de las peñas y el folklore. Estaban demoliendo las fronteras rígidas y artificiales que dividían la música folklórica y el rock, y ayudando a reformular el trayecto del movimiento naciente de rock chileno.

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El primer álbum de Los Jaivas, El Volantín (1971) es esencialmente una grabación de una sesión de 20 horas, condensada para caber dentro de un LP. Hoy en día es una clásico de colección, y es prácticamente imposible encontrarlo. En ese álbum se destaca la canción "Foto de primera comunión", ya que mezcla rock con percusión latinoamericana (parecido a lo que estaba haciendo Santana en Estados Unidos). La canción era una sutil crítica a los valores tradicionales del país, y la inclusión de campanas de iglesia al final de la canción seguramente le cayó mal a más de uno.

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En 1972 Todos Juntos, el segundo álbum del la banda, catapultó a Los Jaivas al estrellato nacional. Pero para ese entonces, el núcleo de la sociedad chilena ya se estaba fragmentando. En medio de la batalla ideológica, la principal canción del álbum rogaba por la unidad: "Hace mucho tiempo/que yo vivo preguntándome/para que la tierra es tan redonda/y una sola no mas . . . /para que vivir tan separados/si la tierra nos quiere juntar/si este mundo es uno para todos/todos juntos vamos a vivir." La canción muestra la increíble habilidad que tenían Los Jaivas para mezclar la tecnología del rock con los ritmos afro-latinos.

El álbum fue revolucionario: vendió 180,000 copias—un numero fenomenal para un país del tamaño de Chile. Según Fabio Salas, un erudito del rock chileno Todos Juntos iba en contra de la tendencia hacia la polarización política, y pedía hermandad. Pero no bastó. Un año después, una dictadura militar derrocó al Presidente Allende. La represión fue brutal. Victor Jara, un icono del folklore Chileno, fue una de las victimas de la ira del gobierno militar. Los Jaivas huyeron, primero a Argentina, y luego a Francia. Siguieron grabando su música desde el exilio. Los Jaivas tuvieron un profundo impacto en la historia del rock Chileno. Más que cualquier otra banda, lideraron el camino hacia la reconciliación entre la música de rock y el folklore. Ese es su legado.