Ciudad Infinita En los años setenta, Lima estaba en un periodo de crecimiento acelerado: nuevos barrios surgían de la noche a la mañana, y la capital peruana se iba convirtiendo en la ciudad laberíntica de 9 millones de personas que es hoy. En medio de ese desarrollo llegó Oliver Perrottet, un joven suizo, que se propuso algo en principio imposible: plasmar esta Lima inabarcable en un mapa.
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Ciudad Infinita

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Ciudad Infinita

DANIEL ALARCÓN, HOST:

Gracias por escuchar Radio Ambulante. Mañana, empieza tu día con “Up First”, el podcast de noticias de NPR. En una reseña de Apple Podcast, Eve Bethel escribió: “Conciso y completo. Escucho ‘Up First’ todas las mañanas en el camino al trabajo. Me da un resumen de las noticias más importantes del día y lo que se viene de la semana”. Arranca el día con “Up First”, mañana en NPR ONE o en cualquier app de podcasts.

ALARCÓN: Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón. Y este es…

JUAN MANUEL ROBLES: Mi nombre es Juan Manuel Robles. Soy escritor. Soy periodista.

ALARCÓN: Juan Manuel vive en Lima, Perú. Y hace unos meses, en una exposición de arte, se encontró con una amiga, y ella estaba con su papá.

ROBLES: Es un señor flaco —ya mayor—, con el pelo largo, blanco. Una especie de… de hippie jubilado.

ALARCÓN: Se llamaba Oliver. Oliver Perrottet. Tenía una mirada seria, y un humor que Juan Manuel me describió como “muy suizo”.

ROBLES: Humor suizo es un humor que… un humor entrecortado, un humor que se traba un poco, un humor… Sí, llámalo lo contrario al humor, en realidad.

ALARCÓN: [Risas] Y rápidamente Juan Manuel se dio cuenta quién era este señor suizo.

ROBLES: Fue como… como encontrar al fabricante de un juguete de mi infancia.

ALARCÓN: Pero no cualquier juguete. Un mapa. Un mapa muy especial de una ciudad que es, a primer vista, abrumadora, caótica, incomprensible, infinita. Es decir, Lima. El mapa que hizo Perrottet fue muy importante para Juan Manuel, y dicho sea de paso, para mí.

Se llamaba “Lima 2000”. Y fue el primer mapa comercial de la ciudad completa.

ROBLES: En la portada tenía un cuadro de la ciudad, del centro de la ciudad.

ALARCÓN: Por supuesto que lo recuerdo muy bien. Era un librito de como 60 páginas, muy colorido, con tonos pasteles. Una edición muy cuidada y linda. Cuando escribí mi primera novela, tuve ese mapa delante mío siempre, pegado a la pared de mi escritorio. Lo consultaba para trazar las rutas imaginarias de mis personajes.

Y es que fue con ese mapa que Juan Manuel, en los años 90, y yo, a inicios de los 2000, conocimos Lima. Ambos nacimos ahí, pero crecimos fuera. Yo en una ciudad pequeña llamada Birmingham, al sur de los Estados Unidos, y Juan Manuel en La Paz, Bolivia. Ambos volvimos siendo jóvenes, y para nosotros Lima parecía un monstruo inabarcable. Pero…

ROBLES: Yo tuve esta guía, que me permitó conocer la ciudad, que me permitió entenderla. Desde entonces me volví un tipo de mapas. Quiero decir: cuando a mí me llamaban, me decían para ir a algún lugar, me daban la dirección, yo no salía de mi casa sin haberla visto en el mapa.

ALARCÓN: Nuestra herramienta fue esta guía. Un ejemplo: algo tan básico, como el transporte público. Yo no entendía cómo ir de un distrito a otro sin perderme. No entendía cómo los limeños lograban desplazarse por la ciudad sin ninguna indicación. Entonces me subía a un bus cualquiera y mientras andábamos, yo apuntaba en un cuadernito los nombres de las calles por las que pasábamos. Luego, cuando volvía al departamento donde vivía, sacaba la lista de lugares que había visto desde la ventana del bus, y los buscaba en el mapa de Perrottet. Así fui creando mi propio plano de las rutas de buses.

Entonces, creo que teniendo enfrente a Perrottet, yo hubiese reaccionado de una manera muy similar a Juan Manuel. Yo también me hubiera preguntado: ¿Quién ese este señor? ¿Y cómo es que un suizo termina haciendo el mapa de una de las ciudades más pobladas y caóticas de Latinoamérica?

La historia no comienza en Lima, obviamente. Sino en Suiza, en un pueblo llamado Basilea. Oliver Perrottet recuerda la primera vez que vio un mapa. Era mediados de los años 50. Tenía 4 o 5 años, y su madre lo extendió encima de su cama. Este es Perrottet…

OLIVER PERROTTET: Y era sobre los viajes de Marco Polo. Un mapa de estos que tienen... contienen dibujitos de los diferentes personajes, de los sitios donde ha ido, ¿no?, con flechas a colores de sus diferentes viajes.

ALARCÓN: Era grande, de más de un metro de largo…

PERROTTET: Y eso fue, seguro, algo que me influenció tremendamente, porque no solamente era mapa, sino también era viaje y tierras lejanas.

ALARCÓN: Perrottet era de esos niños que, en otra época, podría haber sido explorador, y tenía un talento nato para ubicarse.

ROBLES: Alguna vez, su padre, que... que sabía de esto, lo… Digamos, se fueron de viaje a París, y lo dejó en otra estación de metro para que encontrara el camino de retorno al hotel, ¿no? Estamos hablando de un niño de 5 años, ¿no? Y el niño encontró el camino de retorno al hotel, sin ningún problema.

ALARCÓN: A los 7 años, su familia se mudó de Basilea a Zúrich, la capital de Suiza, que queda a 90 km, pero que es prácticamente otro mundo. Le pareció…

PERROTTET: Traumático porque yo tenía mis amigos, tenía todo, y en Zúrich… Zúrich es una ciudad donde la gente es un poco más fría, no tan amable, no tan abierta, no tan alegre como en Basilea. Y… Y eso me chocó también.

ALARCÓN: Se sentía perdido. Solo…

PERROTTET: Tenía que acostumbrarme, y para acostumbrarme hice… dibujé el mapa del barrio. De donde estaba mi casa, mi colegio, las tiendas…

ALARCÓN: Y esto explica mucho sobre quién es Perrottet. Una persona que desde chico buscaba su lugar en el mundo, y que lo quería entender de manera visual. Ya más grande publicó su propio periódico de barrio, y como adolescente ayudaba a un publicista con su dibujos.

A los 18 años comenzó a trabajar como taxista en Zúrich. Un trabajo que le pareció perfecto.

PERROTTET: Y estás solo en tu vehículo. Tampoco, no trabajas en equipo. O sea, es un trabajo ideal para alguien como yo. Y me gustaba mucho porque entraba en contacto con todos los niveles de la población. Todos los grupos. Iba a todos los barrios y todas las calles, y eso me ayudó a comprender la ciudad como un organismo.

ALARCÓN: Pero entender entender Zúrich no era suficiente. Era joven, aventurero. Y a los 19 años…

ROBLES: Se fue a… en un carguero alemán a cruzar el Atlántico, ¿no? Ya… ya con un bichito de la exploración, de la búsqueda, ¿no?

ALARCÓN: Su primer gran aventura. Cuando volvió…

ROBLES: A los 20 años, se dio cuenta de que…

ALARCÓN: Suiza no era para él…

PERROTTET: Es un país muy pequeño. No hay… No hay sitios… libres.

ALARCÓN: Un país donde todo estaba hecho. Un país…

PERROTTET: Tan perfecto que camina como un reloj haciendo tic-tac-tic-tac en algunos lugares de mi cabeza.

ALARCÓN: Y no lo aguantaba. Sentía que necesitaba más libertad. Entonces, miró el mapa…

ROBLES: Y tenía un interés en Sudamérica, ¿no? Él dice que su primer interés en Sudamérica era la forma del continente: le gustaba cómo luce Sudamérica. Le parecía bonito, le parecía elegante, ¿no?

PERROTTET: Por estar un poco alejado de todo, eso siempre me… me ha gustado: esa… la idea de estar… de estar alejado.

ROBLES: Quería irse lejos, no quería irse al Atlántico. Quería irse al otro lado del mar…

PERROTTET: Y ahí entre Perú y Chile y Ecuador, ya escogí el Perú porque quedaba en medio de toda la… ¿no? Ni muy al norte ni muy al sur.

ALARCÓN: Y dentro del Perú…

PERROTTET: Quedaba Lima, la capital, tampoco: no queda muy al norte ni muy al sur, sino una zona que es el centro de la costa. La costa tenía que ser porque siempre me atraía mucho el mar y Suiza no tiene.

ALARCÓN: Así que un día de octubre de 1970, Oliver Perrottet tomó un avión a Lima. No sabía hablar español, y de Lima no sabía nada más allá de que era la capital y que era una ciudad costera.

PERROTTET: No quería ni ver mapas ni leer algo sobre Lima, sobre Perú. Ninguna información porque la idea —ahora lo digo—: nacer de nuevo. Que eso fue.

ALARCÓN: Hay que hablar un poco de la ciudad a la que Perrottet estaba llegando. Eran los años 70, y Lima estaba entrando en un periodo de crecimiento acelerado. La reforma agraria del 69 había cambiado la estructura social de la vida en el campo, y de manera súbita, miles de peruanos de zonas rurales tenían la posibilidad de buscarse una nueva vida… en la ciudad.

Y zonas de Lima que antes estaban completamente vacías se comenzaron a llenar. A veces de la noche a la mañana. Con casitas precarias, nuevos barrios, nuevos asentamientos humanos.

Los limeños tradicionales le pusieron un nombre a esta ola de migraciones de la sierra: se conocían como invasiones. La connotación militar de esta palabra nos dice mucho sobre la actitud de la ciudad hacia sus nuevos residentes.

En fin, todo esto cambió radicalmente la geografía y la cultura de la capital, una ciudad que anteriormente había vivido mirando el mar, a espaldas del país.

Y claro, Perrottet, pues, no sabía nada de esto. Llegó a Lima casi por azar.

Cuando aterrizó era de día, tomó un taxi…

ROBLES: Y le dijo al taxista que lo llevara al centro, y el taxista lo dejó muy cerca al Jirón de la Unión, que es este paseo peatonal, céntrico, ¿no?, que une las dos plazas más importantes del centro de Lima.

ALARCÓN: Estaba cansado. Encontró un hotel y durmió. Y cuando se despertó…

ROBLES: Se dio cuenta de que realmente estaba en un… En otro mundo…

ALARCÓN: Quería explorar. Salió del hotel y comenzó a caminar. Llegó a la avenida Abancay, una vía de 6 carriles que a ciertas horas tiene un tráfico realmente infernal. De hecho, en un tiempo llegó a ser una de las avenidas más contaminadas de Sudamérica.

ROBLES: Era el final de la tarde. Le… Le llamó la atención, digamos, esta hilera de buses…

PERROTTET: Era una fila parada que avanzaba poquito. No había paraderos, y no había sitio donde los buses corrían y después paraban, sino que simplemente por la gran cantidad que hay estaban en una fila y avanzaban, y cuando paraban, subía y bajaba gente, y cuando…. ¿no? Después avanzaban 10 metros o 20 metros, y…

ALARCÓN: Y bueno, casi 50 años después, la avenida Abancay sigue igual. Pero en fin, a Perrottet le encantó ese tumulto. La bulla, el espectáculo urbano… Le gustó que todos los buses fueran de diferentes colores. Estaba muy sorprendido…

ROBLES: No sabía que… que eso… que se iba a encontrar con eso: un montón de gente hablando, y sobre todo le llamó la atención estas señalizaciones de los policías de tránsito.

ALARCÓN: Los policías de tránsito tenían diferentes maneras de pitarle a los carros, era casi un lenguaje aparte. Una para indicar que pararan, otra para que avanzaran, otra para que acelerarán…

PERROTTET: A veces bien elaboradas, ¿no? No solamente un pito sino varios, y de… más fuerte: una música.

ROBLES: A él le pareció que eran una suerte de papagayos, papagayos urbanos, ¿no? Entonces dentro de su mundo exotizante, esto era un lugar donde, digamos, una suerte de selva urbana, desordenada, pero al mismo tiempo fascinante.

ALARCÓN: Perrottet sintió que había encontrado su lugar. Y quería conocerlo…

ROBLES: Y al día siguiente, lo primero que hizo fue buscar una guía de buses, una guía que le permitiera ver dónde estaba, digamos, qué línea le llevaba a qué parte.

ALARCÓN: Y se dio… Y se dio cuenta que no había…

ROBLES: Se dio cuenta que no había, le dijeron que no existe tal cosa. Además, con la extrañeza del caso, ¿no?

PERROTTET: En ese momento pensé: “Entonces ya sé qué es lo que tengo que hacer acá”. O sea, había venido sin ninguna idea y… y prácticamente el primer día ya estaba claro.

ALARCÓN: Tenía clara su meta. Tenía claro cuál sería su proyecto. Lima necesitaba una guía de rutas de omnibuses y microbuses. Y él, un extranjero recién llegado, iba a hacerla.

Pero tenía que empezar por lo básico: necesitaba un trabajo, y un lugar donde vivir. A los pocos días de haber llegado, conoció a una mujer que le recomendó ir a buscar trabajo al Instituto Goethe. Lo contrataron como profesor de Alemán. Trabajaba un día a la semana y ganaba lo suficiente para alquilar un pequeño apartamento en la avenida Tacna, cerca de un paradero de buses.

Entonces, tomó el único mapa comercial del centro de Lima que existía, un mapa incompleto, parcial, que no tenía nada sobre el transporte, y empezó su nueva guía haciendo lo más elemental que alguien pueda imaginarse, lo mismo que hice yo, cuando llegué a Lima treinta años después:

PERROTTET: Simplemente uno toma un bus y sube y ve qué pasa, ¿no?

ALARCÓN: El primer bus en el que se montó lo llevó a Condevilla, en San Martín de Porres. Ahora, en el 2017, San Martín es un distrito muy denso, tiene más de 700.000 habitantes. Pero en 1970 era una gran extensión de tierra vacía, sin árboles, arenosa. Había un paradero final de buses con algunos puestos de comida, de esos que en Lima llamamos “agachaditos”, donde la gente come literalmente agachada en una banquita y una mesa en medio de la calle.

Y Perrottet —blanco, rubio, alto y sin poder hablar bien español—, digamos que destacaba.

PERROTTET: Y… ahí me quedé, bueno, en el paradero final, y la gente me miraba, ¿no?, “¿qué hace este acá?” y…

ALARCÓN: Al poco rato y sin pensarlo mucho, se subió a otro bus que salía de allí, de Condevilla, y durante el viaje…

PERROTTET: Vino el boletero que había: “¿Hasta dónde va?”, ¿no? Le dije: “Final, final”.

ALARCÓN: El recorrido cruzaba toda la ciudad, de norte a sur, y terminaba en Villa El Salvador, una de las llamadas invasiones más grandes de todo Lima. Y cuando llegó a Villa El Salvador lo que vio…

PERROTTET: Era una hilera de chocitas de esteras. Una calle y quizás a la espalda había otra hilera, pero nada más.

ALARCÓN: Era inicios de 1971 y 9 mil familias habían empezado a instalarse apenas hace unos meses. Era un barrio literalmente en construcción, un barrio que aún no existía en ningún mapa oficial. Y bueno, se imaginaran la reacción de Perrottet…

PERROTTET: Era lindo, ¿no? Encontrar algo así: si tú vienes de un país donde todo está hecho y llegas a un sitio donde lo más elemental no hay, ¿no? ¡Hacerlo! ¡Qué gratificante!

ALARCÓN: Y al día siguiente, Perrottet hizo lo mismo: se levantó temprano, salió como a las 9 de la mañana con un cuaderno y un lápiz, caminó al paradero de la esquina, y tomó un bus. Esta vez, un bus distinto. Durante el viaje apuntó el nombre de las calles y trazó el recorrido —izquierda, derecha, izquierda—. Viajó hasta las 4 o 5 de la tarde…

Y al día siguiente, lo mismo.

Un amigo le ayudó a conseguir un mapa grande de Lima, era un mapa catastral, de los que se usan para la construcción y que no se pueden comprar en una tienda. Lo calcó en papel mantequilla, y sobre la copia dibujaba los recorridos que hacía a diario.

PERROTTET: Y eso lo hacía durante 4 meses, todos los días, en forma metódica, no como… como un pasatiempo y no, eso no fue intermitente. Eso fue así: a diario eso era mi trabajo.

ROBLES: Cuando terminó, resulta que había 190 y pico de rutas de buses, ¿no? O sea, simplemente al quinto mes vio.. vio que ya no… ya no… ya no se repetían las líneas, así fue, ya… ya las había visto todas, ¿no? Ya las había inventariado todas.

PERROTTET: Al final ahí estaba el plano de 3 metros por 2 metros. Ya estaba hecho. Pero la meta era hacer algo que se puede doblar y meter al bolsillo.

ALARCÓN: A estas alturas, ya era el año 72. Había acabado su mapa de buses, pero le faltaba encontrar un imprenta que lo pudiera reducir, que quedara de un tamaño que cupiera en el bolsillo, para poder venderlo. Pero le dieron ganas de viajar. De conocer el mundo. Salió de Lima, hacia Europa. Visitó Suiza, y luego partes de Estados Unidos.

En total estuvo fuera de Perú unos 2 años, hasta que le pasó algo muy inesperado: se dio cuenta que extrañaba Lima. Extrañaba los buses multicolor, extrañaba el ruido, extrañaba su gente. Y también empezó a echar de menos cosas que antes aborrecía, como el cebiche.

Entonces, en el 74, volvió, decidido a terminar su guía de autobuses. Trajo con él una referencia: el mapa de buses de Londres, pero no era tan fácil como copiar el formato y listo.

PERROTTET: Porque si lo comparamos con Londres, de donde tomé el diseño, ahí hay, quizás, en el centro hay 5 o 6 líneas que pasan por la misma calle. Entonces esa calle, en el plano, en el costado, tiene 5, 6 numeritos.

ALARCÓN: Pero en Lima, era diferente. Recordemos esa avenida tan caótica que le llamó tanto la atención a Perrottet cuando llegó: la Avenida Abancay. Ahí Perrottet descubrió que había como 30 líneas de buses diferentes, lo cual aparte de ser una locura, pues, presenta también un problema de diseño.

PERROTTET: El plano tiene que ser mucho más grande para que haya el espacio para poner 30 números…

ALARCÓN: Lo resolvió resaltando en rojo las calles donde transitaban omnibuses, y en azul las recorridas por los microbuses. A un costado colocó los números de las rutas. El mapa estaba listo.

Decidió ir con su plano al Ministerio de Transportes del Perú. Por curiosidad más que nada, para ver qué información tenían ellos y ojalá corroborar algunos datos. No le había mostrado el mapa a nadie más que a algunas personas muy cercanas. Cuando llegó y se los enseñó…

PERROTTET: Bueno, fue… fue tremendo. Se sorprendieron. Mucho. El que lo vio inmediatamente se volteó y llamó a todos los de la oficina para que vengan: “Aquí, miren. Aquí… Esto es lo que siempre necesitamos: un plano con todas las líneas”.

ALARCÓN: La oficina que autorizaba a las rutas de transporte en la ciudad, no tenía un mapa de esas mismas rutas.

Pero Perrottet sí. Solo faltaba imprimirla, y para esto necesitaba dinero. Salió a las calles de nuevo, ahora a tocar puertas de empresas. Les ofrecía anuncios publicitarios en el mapa. Y ahí, pues, el hecho de ser extranjero lo ayudó bastante.

PERROTTET: Como gringo no tenía realmente restricciones: “Pase señor”, ¿no? Aunque tenía yo barba y pelo largo. Pero quizás tal vez por eso, ¿no?, era un personaje un poco fuera de lo común, ¿no?, y que infundía respeto.

ALARCÓN: O por lo menos curiosidad. Y bueno, le funcionó. Consiguió patrocinio y terminó de imprimir la “Guía de Transporte de Lima” en 1975. Un mapa de bolsillo que costaba 30 soles. En esa época, menos de un dólar.

Y con esta publicación, el suizo se hizo algo famoso. Salió en los periódicos locales… con titulares como estos:

TITULAR 1: Líneas de transporte “marearon” a suizo.

TITULAR 2: El joven cartógrafo ha hecho una guía de todas las rutas.

TITULAR 3: La guía está lista y se ha puesto a la venta en un formato de bolsillo a todo color.

ALARCÓN: Aunque cabe mencionar que Perrottet no era cartógrafo. Nunca había estudiado, era totalmente autodidacta. Pero como fuera, la guía fue bien recibida y Perrottet quedó entusiasmado. Seguía con ganas de hacer algo más. ¿Pero qué? Después de todos los viajes a todos los rincones de Lima, Perrottet sentía que tenía un conocimiento muy útil y quería hacer algo con eso.

PERROTTET: Es casi una necesidad, ¿no? Ya no puedo ese conocimiento dejarlo ahí. Tenía que ser taxi o hacer algo donde se necesitan esos conocimientos.

ALARCÓN: Y a esto se le suma algo que Perrottet notó al empezar a vivir en Lima:

PERROTTET: Que me di cuenta que la gente que vivía aquí no sabía nada de lo que había alrededor, nunca habían ido a esos sitios.

Juan Manuel: Dijo: “Bueno, aquí la gente necesita conocer su ciudad, ¿no?”.

ALARCÓN: La gente reconocía los sectores tradicionales de la ciudad: el centro, Barranco, Miraflores, Chorrillos, El Callao. Pero Perrottet quería que los limeños entendieran…

PERROTTET: Que su ciudad no termina ahí, que es mucho más grande.

ALARCÓN: Muchísimo más. Y crecía cada día. El nuevo proyecto de Perrottet era más ambicioso que una simple guía de buses. Ahora se proponía hacer un mapa de toda la ciudad. Un mapa que cubriría cada esquina, incluidas esas nuevas zonas de la capital, esas que los residentes tradicionales llamaban invasiones.

Cuando volvamos: ¿cómo se hace un mapa de una ciudad casi inabarcable?

SAM SANDERS: Hola, soy Sam Sanders. Quiero contarles sobre el único programa de NPR donde pueden escuchar sobre el drama más reciente de la Casa Blanca y el regreso de TRL a MTV. El programa se llama “It’s Been a Minute.” Cada viernes nos ponemos al día con las noticias de la semana, y cada martes me siento a conversar con autores, directores, y más. Pueden encontrar It’s Been a Minute en el app de NPR One o donde escuchen podcasts.

ALARCÓN: Entonces, antes de la pausa, estábamos en 1975 y Oliver Perrottet había decidido que Lima necesitaba un mapa de la ciudad entera. Este es Juan Manuel Robles.

ROBLES: Era una tarea que ni siquiera él previó cuán grande iba a ser, porque la ciudad estaba mapeada a la mitad. Y esa mitad que estaba, o sea, los distritos tradicionales, estaba desactualizada, con errores, nadie se había preocupado en… en darle actualidad.

ALARCÓN: Y la otra mitad de Lima…

ROBLES: No estaba en ningún mapa comercial. No existía. Simplemente no había forma de encontrarlo, entonces le tocó hacer las dos cosas: actualizar los mapas de los distritos tradicionales —caminar, mirar—, y hacer los mapas de lo nuevo, lo que se había incorporado a la gran ciudad.

ALARCÓN: Perrottet se enteró de algo súper útil: había una entidad del estado llamada SINAMOS que había hecho planos catastrales de algunos de los barrios más nuevos de Lima. Y eran mapas que tenían mucho de lo que Perrottet necesitaba: los nombres de las calles, los números de las cuadras… Pero había un problema:

PERROTTET: O sea, si los unías todos tenías un mapa de 10 metros.

ALARCÓN: No precisamente un mapa de bolsillo.

Pero no se desmotivó. Tomó estos planos y un mapa grande del centro de Lima, y los puso en la pared. Luego colocó papel mantequilla y empezó a calcar. El mismo trabajo que había hecho con la ruta de los buses, pero ahora incluía la ciudad entera.

PERROTTET: Y ahí me di cuenta, pues, que esos planos tenían muchos errores.

ALARCÓN: Es que Perrottet prácticamente se sabía Lima de memoria. Pero necesitaba información objetiva. Es decir, fotografías.

Investigó más y encontró que el Ministerio de Agricultura había hecho un estudio de zonas agrícolas en Lima, y había tomado fotos aéreas de la ciudad.

PERROTTET: Y eso se podía comprar. Costaba como, no sé… como si hoy costara 10 soles, una cosa así, cada foto. O 20, o sea, no… nada en comparación con el valor realmente que tiene para hacer un trabajo.

ALARCÓN: Compró las imágenes que necesitaba y empezó a comparar con diferentes mapas. Y a corregir. Todos los días agregaba una calle, una plaza, un callejón…

PERROTTET: Era un rompecabezas. Y tú encuentras esta parte, y encuentras esta y encuentras esta, pero este de acá no lo tienes, ¿no? Entonces, ¿qué hago? O lo consigo y por último me voy allá y veo cómo es.

ALARCÓN: Y así, lentamente, fue agregándole lugares a este mapa que tenía en la sala de su departamento. Era un espacio chiquito, con una sala-comedor, una cocinita, un dormitorio y un baño. Vivía ahí con su esposa y su hija recién nacida. Y...

ROBLES: El mapa fue creciendo. De hecho creció a tal punto y el trabajo se hizo tan grande, tan intenso, tan minucioso, que terminó alquilando el departamento de abajo de su casa para vivir, y este dejarlo simplemente para trabajar.

ALARCÓN: En esos días, llegó de visita un amigo de infancia de Suiza, y se unió al proyecto de Perrottet.

Cuando se daban cuenta que faltaba un detalle importante, Perrottet le decía a su amigo…

PERROTTET: Que aquí necesito el nombre de la calle, aquí quiero saber tal cosa. Así.

ALARCÓN: Y su amigo iba en moto a corroborar los datos. Así terminaron de mapear todo Lima, con la información actualizada, correcta. Pero era un mapa del tamaño de una pared entera; ahora tenía el mismo reto al que se había enfrentado con la guía de buses: hacer que ese mapa completo entrara en una hoja de un metro por un metro 40.

Se volvió un trabajo minucioso, delicado. Por ejemplo, una vez que el plano se redujo, llegó el momento de pegar los nombres de las calles.

PERROTTET: Pero para eso, para poder pegar, tenía que escribirse en una lista, mandar a escribir en tipo de imprenta, tomarle una foto en negativo, sacar el positivo, y en el positivo, después, ponerle una capa de pegamento, y después cortarlo con una cuchilla, para poder pegarlo. O sea, es todo un… todo un proceso.

ROBLES: Estamos hablando de unas tiritas que tenían de ancho menos de un milímetro, ¿no? Entonces él recuerda que cuando una de esas tiritas se le caía, pues, todo podía ser una joda, ¿no? Este… porque no había forma de encontrarla o era difícil.

ALARCÓN: Eran más de 20 mil calles…

ROBLES: Y hay que hacerlo con orden, porque el mapa no es un texto. No se puede releer y corregir. Si tú pones las calles en desorden, y te falta alguna, luego no te das cuenta. Y él me decía… Yo le decía, bueno, pero eso, digamos, lo que me describes habla de una obsesión por el mapa, ¿no? Y él me decía: “No, bueno. Es trabajo al estilo suizo”.

ALARCÓN: O sea, estamos hablando de los suizos, los que perfeccionaron el reloj. Para hacer un mapa como este se necesita ese nivel de obsesión, de trabajo milimétrico, riguroso, detallado.

Pero incluso con ese nivel de compromiso al estilo suizo, igual tardó 2 años en terminar. Cuando Perrottet se lo mostraba a sus amigos….

ROBLES: ¿Les llamaba la atención? ¿Llamaba la atención el mapa?

PERROTTET: No, claro. Es evidente, ¿no? Además el tiempo que dedicaba a eso, que era un tiempo completo, ¿no?, y un trabajo que nadie se imagina cómo es. Ni yo me imaginaba y no quería saber, simplemente quería hacerlo.

ALARCÓN: Al igual que con el mapa de buses, salió a las calles a buscar anunciantes. Finalmente logró publicarlo en 1977.

ROBLES: Es un plano que en su momento fue revelador. Se ve la cartografía de Perrottet, una cartografía bastante… bastante cuidada, con colores, con nombres de lugares importantes, ¿no?

ALARCÓN: Y decidió crear una empresa de mapas y guías con un nombre futurista: “Lima 2000”.

Al mapa le fue bien, y la empresa empezó a funcionar, pero Perrottet se dio cuenta de algo, un detalle de la cultura limeña…

PERROTTET: Había tan poca difusión de mapas, interés, y costumbre sobre todo de usar mapas…

ALARCÓN: Que la gente ni siquiera entendía para qué servía, o qué tenía de nuevo. Es decir...

PERROTTET: No sabían cómo era el mapa anterior y este parecía lo mismo.

ALARCÓN: Lima era una ciudad casi invisible. Incluso para los limeños.

ROBLES: Lo que sí él mismo dice es que, digamos, ahí empezaba todo el proceso de educar un poco a la gente para que usara mapas.

PERROTTET: No son parte de la vida pública los mapas, mientras en Suiza, por ejemplo, están en cada paradero del bus y del tranvía. Hay un mapa de la zona, o sea si uno baja del bus y no sabe dónde va a ir, dónde va a ir… dónde tiene que ir, ahí está el mapa.

ALARCÓN: Mientras que en Lima y en otras partes de Latinoamérica, cuando no sabemos dónde está algo le preguntamos a alguien en la calle. Bueno, y cada vez más le preguntamos a nuestros teléfonos. No era así cuando salió el mapa de Perrottet, obviamente.

Pasaron los años, y la empresa creció. Al igual que la fama de Perrottet como cartógrafo. Actualizó su mapa un par de veces, ya que la ciudad seguía creciendo, y en 1993, Juan Manuel, siendo un adolescente de 14 años, volvió a Lima.

Perú salía de una guerra. Lima había sido escenario de conflicto y violencia. Y Juan Manuel tenía su propia idea de lo que era la ciudad.

ROBLES: Como la que uno puede tener luego, pues, de otras ciudades del mundo: de Bagdad, ¿no? Digamos, esas ciudades que aparecen en el mapa, en el mapa global, por algo que no es necesariamente lo que tú conoces, sino más bien por situaciones de conflicto, de guerra, de bombas, ¿no?

ALARCÓN: Y su transición no fue nada fácil. Juan Manuel había vivido en La Paz desde los 7 años, y tenía un mapa muy claro de esa ciudad en su cabeza.

ROBLES: Lima era un monstruo. Lima… Lima era un monstruo lleno de lugares peligrosos, sobre todo peligrosos.Todo me parecía realmente gris, oscuro, feo, ¿no? Feo, feo.

ALARCÓN: Juan Manuel volvió a vivir a la casa de una tía, en un barrio llamado Corpac, de clase media, en el distrito de San Isidro. Y para él, Lima era una ciudad de límites: “No cruces esta avenida”, “No pares en esa esquina”, “No entres a ese barrio”. Son el tipo de indicaciones que te da la gente que te quiere, y lo hacen para protegerte. Total, Lima estaba saliendo de años de violencia. Pero, al hacerlo, crean una cárcel casi involuntaria…

ROBLES: Y en la mente de un niño es… es realmente poderoso ese límite, ¿no? Es un límite que te paraliza, como dices: “¡No!”.

ALARCÓN: Y estos límites lo que hicieron fue acentuar la soledad.

ROBLES: La soledad de estar en esta ciudad nueva, no conocerla, no entenderla. Y estar en un salón de clases con un montón de desconocidos que se conocían entre sí.

ALARCÓN: Y cada día se aburría más.

ROBLES: Cuando estaba manejando bicicleta y no sabía dónde ir, y tenía más bien solamente lugares prohibidos, o lugares donde… donde me habían metido el miedo de ir, fue que dije: “Yo necesito un plano de esto”, ¿no? “Yo necesito una guía de calles, algo… algo que me permita orientarme”, ¿no?

ALARCÓN: Fue en esos primeros meses, casi por casualidad, que Juan Manuel se encontró con “Lima 2000”, el mapa de Perrottet. Y no es exageración decir que ese mapa cambió todo. Le permitió conocer la ciudad, explorarla.

Y con la guía en mano, comenzó a planear sus viajes en bicicleta.

ROBLES: Ahí te das cuenta que… que la soledad… la soledad y explorar mapas tiene algo que ver, y esa comprensión te permite sentirte más dueño del lugar, ¿no?

ALARCÓN: Me pasó algo similar 10 años después, cuando llegué de Estados Unidos, a los 22 años. Por primera vez no me iba a quedar con un familiar sino que iba a vivir solo durante 3 meses. Mis padres tenían un departamento que en ese momento estaba vacío, casi sin muebles. Pero tenía el mapa de Perrottet. Y ese mapa me abrió camino.

Estudiar ese mapa fue como sentirme invitado, finalmente, a ser parte de la ciudad donde había nacido. Hasta lo mandé a enmarcar, sin vidrio para poder escribir sobre él. Todos los días lo miraba, planeando mis viajes, al centro, al sur, al norte, al este. Así conocí Lima, y gracias a este mapa comencé a sentirme limeño.

Juan Manuel Robles es escritor. Su primera novela se llama “Nuevos juguetes de la Guerra Fría”, y fue publicada por Seix Barral. Gracias a Eduardo García Peña, en Lima.

Esta historia fue producida por Luis Fernando Vargas, y editada por Camila Segura y por mí. La mezcla y el diseño de sonido es de Ryan Sweikert.

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Andrés Azpiri, Desiree Bayonet, Jorge Caraballo, Barbara Sawhill, Luis Trelles, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa y Silvia Viñas. Maytik Avirama es nuestra pasante editorial y Andrea Betanzos es la coordinadora de programas. Carolina Guerrero es la CEO.

Radio Ambulante se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.

Conoce más sobre Radio Ambulante y sobre esta historia en nuestra página web: radioambulante.org. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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