Lucía Milone y la amnesia disociativa : Radio Ambulante Después de un desmayo, Lucía se despertó en el pasado.

Lucía abrió los ojos y no reconocía a su esposo ni a sus hijos ni a su casa. Pronto se vio encerrada en una vida que para ella era completamente desconocida.



Puedes leer aquí una transcripción del episodio.



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DANIEL ALARCÓN: Hace ocho años, antes de que se publicara el primer episodio de Radio Ambulante, más de 600 personas donaron a una campaña de donaciones y recogimos lo necesario para arrancar. Es muy simple: sin ese voto de confianza no estaríamos acá. Y ahora estamos en un momento tan definitivo como ese. Este año ha sido difícil para quienes hacemos periodismo y necesitamos la generosidad de ustedes para poder seguir. Así de crítica está la situación.

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Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón.

La historia de hoy empieza el 7 de diciembre de 2014. Estamos en la casa de los esposos Lucía Milone y Román Resines. Almorzaban con sus dos hijos en su casa de Villa Ortúzar, en Buenos Aires. Era un día de mucho calor y Román recuerda que Lucía dijo que no se sentía bien y que se iba a acostar. Pero apenas se levantó de la mesa, dio dos o tres pasos y se desplomó en el piso.

ROMÁN RESINES: Sin golpearse la cabeza, sino que es como que se va derrumbando, ¿viste?

ALARCÓN: Román enseguida corrió a ayudarla y llamó a una ambulancia.

RESINES: Y la sorpresa cuando vuelve de ese desmayo, ¿no?, que no nos conocía a ninguno de los que estábamos en casa.

ALARCÓN: Lo único claro es que Lucía no quería estar ahí. Esta es Lucía:

LUCÍA MILONE: Yo en ese momento me quería ir a la casa de mi papá y mi mamá, porque para mí esta era una casa desconocida. Era un lugar donde yo no conocía. No conocía el espacio. No conocía la casa. No conocía a la gente.

ALARCÓN: Lo que vino después de aquel desmayo sería difícil para toda la familia. Lucía tendría que reconstruir su propia vida como si estuviera uniendo piezas de un rompecabezas.

Nuestra productora Aneris Casassus nos sigue contando.

ANERIS CASASSUS: La ambulancia que había pedido Román llegó pronto a la casa, pero eso no alivió a Lucía; más bien todo lo contrario.

MILONE: Era más todavía la crisis, porque había venido un médico, me querían llevar a hacerme un control. Entonces esta gente que yo no conocía, en un lugar que yo no conocía, me querían llevar al lugar que tampoco conocía.

CASASSUS: Lucía seguía pidiendo por sus papás. Román ya los había llamado y cuando llegaron a la casa les contó lo que estaba pasando: que Lucía no lo reconocía ni a él ni a sus dos hijos, Martín y Francisco, de once y seis años.

Los padres la convencieron de que se dejara revisar por el médico. Le dieron un calmante y la llevaron a una clínica. Y allá la recibieron...

MILONE: Con un montón de maltratos, porque era no creerme lo que tenía, pensar que había consumido algo. Y por eso estaba sin memoria.

RESINES: Y por ahí la… hasta la apretaban con ese tema, ¿no?, por ahí a escondidas le decían: “¿Pero vos no tomaste nada, seguro?” qué se yo, ¿viste? Una situación fea realmente.

CASASSUS: Lucía no había consumido ninguna droga y tampoco se había golpeado la cabeza en el desmayo. A los médicos les parecía muy extraño lo que le pasaba y decidieron que se quedaría unos días en observación. Lo curioso era que no había perdido completamente la memoria. No se acordaba de su esposo, ni de sus hijos, ni de su casa pero sí de sus padres, por ejemplo. De hecho, ella pensaba que aún vivía con ellos en la casa de su infancia. Por eso mismo había pedido por ellos al despertarse del desmayo. Y por eso ahora, cuando su familia iba a visitarla a la clínica...

MILONE: Cuando volví a… a ver a todos mis hermanos, a mi papá y mi mamá, los vi viejos. Yo los había dejado a todos muchos más jóvenes. Fue un impacto bastante feo ver a mis sobrinos grandes. No, no, fue como raro… duro.

CASASSUS: En esos primeros días de internación, Lucía también decía que quería ver a su tía Angelita y a su padrino.

MILONE: Y… y nadie me quería decir.

CASASSUS: Nadie le quería decir que esas personas tan queridas para ella habían muerto hacía ya mucho tiempo.

Con el paso de los días y escuchando todo lo que Lucía les decía, Román y la familia iban sacando sus propias conclusiones.

RESINES: Nos dimos cuenta que ella pierde, unos... un promedio así de diez años de memoria. O sea, es como que ella estaba viviendo la vida de diez años hacia atrás.

CASASSUS: Incluso más. Porque no se acordaba ni siquiera de Román al que había conocido 13 años antes.

A Lucía no le quedaba otra opción que confiar en lo que le decían.

MILONE: Yo siempre decía: “Ese hombre que está ahí dice que es mi marido”, y sí. Después mi mamá me decía también que era mi marido, entonces yo confiaba que era mi marido.

CASASSUS: Y esos dos niños que la visitaban en la clínica y la llamaban “mamá” pues deberían, efectivamente, ser sus hijos, como todos le aseguraban.

MILONE: No sé mucho ponerlo en palabras, pero era muy feo. No… no está bueno no recordar y que todo el mundo sí te recuerde.

CASASSUS: No era fácil para Lucía, pero tampoco para Román.

RESINES: Es como que cae una bomba y, bueno, uno tiene que reaccionar y ver cómo... cómo salir de esa situación. Por supuesto que la prioridad era la salud de Lucía y en ese momento no me podía permitir, eh, ninguna flaqueza, digamos. Como que tenía que pensar en cómo organizar la casa, cómo contener a los chicos.

MILONE: Desde ese momento yo recuerdo a Román conteniéndome todo el tiempo. Yo creo que yo me hubiera ido si hubiera sido yo la que estaba en el otro lado, porque aguantar todo eso es duro, es duro.

CASASSUS: En esos días en la clínica, un psicólogo que pasaba a verla le había recomendado que empezara a escribir un diario. Y le dio un consejo: en las primeras páginas podía ir escribiendo lo que las demás personas le contaban y en las últimas lo que ella fuera recordando...

MILONE: Hasta que un día se iban a juntar. Entonces yo anotaba, vos venías a verme, ponele, y yo ponía: “Es tal y tal. Dice que nos conocemos hace tanto tiempo y tanto ta ta ta”.

CASASSUS: Pero cuando a Lucía le venía alguna imagen a su mente, le costaba distinguir si se trataba de un recuerdo o de un sueño. Entonces enseguida lo corroboraba con Román, que no se movía ni un minuto de su lado. Él le iba contestando a demanda, para no apabullarla.

RESINES: O sea, la idea era llevarla lo más tranquilamente posible para que pueda ir recordando, ¿no?, cómo era su vida.

MILONE: Yo le preguntaba: “¿Cómo nos conocimos?, ¿cuánto hace que estamos juntos?”.

CASASSUS: Entonces Román le contaba.

RESINES: “En realidad fue una cita a ciegas. Nos vimos por primera vez en un… en un bar. Y a partir de ahí, bueno, no nos separamos más”.

CASASSUS: Le contó que una amiga en común los había presentado en el 2001. Que Lucía tenía 27 años y Román 40 y dos hijos de un matrimonio anterior que vivían con él. Le contó también que se enamoraron bastante rápido.

RESINES: Empezamos luego de varios meses la convivencia, bueno, y ya hicimos nuestra vida juntos. Empezaron a llegar los hijos.

CASASSUS: Primero Martín, en 2003 y cinco años después, Francisco. También le contó que se casaron en el 2010.

RESINES: Y fue una situación linda porque, digamos, eh, los más chiquitos ya tenían cierta edad y es como que lo vivieron al matrimonio de sus padres.

CASASSUS: Lucía escuchaba la historia con atención pero le costaba creer que ella fuera la protagonista. Muy lentamente — entre los relatos de Román, las historias de sus padres y las de sus hermanos — iba uniendo distintos pedacitos de su vida.

A veces los recuerdos venían de las formas menos pensadas.

MILONE: Quería el olor de mi perro. No me acordaba el nombre, pero recordaba el olor, recordaba mis sábanas floreadas y mi... el olor del perro.

CASASSUS: Tania, una perra cachorrita que había llegado a su casa a principios de ese año.

Pasaban los días en la clínica y Lucía empezaba a recibir visitas, familiares, amigos. Cada vez le gustaban menos.

MILONE: Venían a ver al monito del circo. La… la atracción, ¿no? Lo raro. Esa sensación me daba.

CASASSUS: Y a muchos les costaba creerle.

RESINES: Por ahí algunos podían pensar que estaba o simulando... no podían creer cómo no la recordaba. Aparte, medios enojados. Y claro porque no… no… no todos entendían la situación, ¿viste? O lograban entender que podía tratarse de algo serio.

CASASSUS: Después de diez días no le dieron ningún diagnóstico, pero, así suene sorprendente, igual le dieron el alta. Su familia le ofreció dos alternativas: irse a la casa de sus padres, donde ella creía que aún vivía, o irse con Román y los chicos a su casa. Según se sintiera más cómoda.

MILONE: A mí en esos días me había dado como mucha ternura los nenes. Entonces yo decía que yo me quería ir a vivir con esos nenes y ese hombre que era mi marido. Yo me iba a ir con ellos. Entonces yo decidí venirme para acá. Fue duro porque me vine a vivir con gente que no conocía. Pero los nenes me daban como mucha, mucha ternura.

CASASSUS: Llegó a la casa donde había pasado los últimos años de su vida, pero no la reconocía en absoluto. Apenas entró vio un montón de fotos de ella, estaban colgadas en la pared.

MILONE: Era muy... me veía linda en las fotos, ¿no? Pero ahora estaba gorda y no estaba linda. Es lo que yo sentía, ¿no?

CASASSUS: Le sorprendió, además, que en casi todas aparecía montada en un escenario. Ahí le contaron que era cantante y actriz. Pero para ella, esa mujer de las fotos, era una completa desconocida.

MILONE: Y aparte no poder recordar eso, ¿no?, que decían que hacía. Decían que cantaba bien, que actuaba y yo decía: “Yo no canto. No, no, no, no canto”.

CASASSUS: Pero sí, le contaron que incluso, la noche antes del desmayo, Lucía se había presentado en un teatro en el barrio de San Telmo.

De esa vida, la de una cantante independiente, siempre corriendo de aquí para allá, shows de noche, durmiendo poco o casi nada. Más el típico remolino de la vida doméstica, el colegio de los niños. Todo eso se lo contaban y no recordaba nada.

Verse en esas fotos fue un shock para Lucía.

MILONE: Entonces fue como muy duro ver a alguien tan activo en esas fotos y verme tan inactiva en… en la vida real.

CASASSUS: A Lucía le habían dado el alta con la recomendación de que no estuviera nunca sola. Se turnaban entre familiares para acompañarla en la casa mientras Román trabajaba. Lucía necesitaba ayuda, sobre todo con los niños.

MILONE: Ellos tenían el hábito ya armado. Entonces, pedían lo que estaban acostumbrado a hacer, ¿no? Dormir la siesta con mamá. Y te van diciendo las… las cosas que uno por ahí hacía.

CASASSUS: Pero esos niños que le habían dado mucha ternura en la clínica, ahora necesitaban de casi toda su energía, de su tiempo, de su atención. Querían comer, jugar y estar con ella. Lucía se sentía abrumada y la angustiaba una cosa en particular

MILONE: El no recordar ese amor que los chicos decían que yo… yo tenía por ellos.

CASASSUS: Para Román también era difícil presenciar todo esto.

RESINES: A veces tiraba alguna… alguna frase, alguna cosa impactante, ¿no? Cuando los chicos demandaban algo, me dice: “Uy, pero esos... a esos chicos hay hacerles la comida o...”, ¿viste?, como si fueran terceros. En su mente los veía como terceros, pero también sabía que la necesitaban.

CASASSUS: Los nenes estaban al tanto de que Lucía tenía una enfermedad, pero eran chiquitos y era muy extraño para ellos que su mamá no recordara las cosas que hacían juntos.

RESINES: No es fácil para los chicos, imagínate la situación. Pero era como que se iban también acostumbrando. Los chicos tienen esa… esa cuestión de… de adaptarse, a veces más fácil que los grandes para algunas situaciones. Es como que lo com… lo van comprendiendo, que… que están viviendo, entonces, bueno, van ayudando, ¿no?

CASASSUS: Faltaba poco para Navidad y Año Nuevo. Se había desmayado solo unos quince días antes, y tenía menos de una semana fuera de la clínica. Román, Lucía y los chicos solían pasar las fiestas y las vacaciones de enero en la costa atlántica. El itinerario siempre era el mismo: primero unos días en Mar del Plata y después unos días en Costa Azul. El viaje estaba programado de antemano y, como el médico los autorizó, decidieron irse.

Pensaron que sería una buena idea, que la playa la ayudaría a relajarse y recordar. Lucía le pidió ayuda a Adriana, que le decían que era su amiga, para armar el equipaje porque estaba desorientada. No sabía qué podría hacerle falta.

Cargaron el auto y salieron rumbo a la costa.

RESINES: En el camino me dice: “Tengo muchas ganas de fumarme un cigarrillo mentolado”. Desde que nos conocimos hasta ese momento nunca me había mencionado eso.

CASASSUS: Eran hábitos de más de diez años atrás, antes de conocer a Román. Detalles como esos aparecían a cada momento, en las cosas más cotidianas.

RESINES: Pedía una bebida que nunca la había pedido, qué sé yo, por ejemplo, un agua saborizada. Jamás la había pedido mientras estábamos juntos, pero seguramente era ella lo que tomaba diez años atrás. Esa era la prueba contundente de lo que estaba pasando, ¿no?

CASASSUS: Cuando llegaron a la costa, Lucía, contrario a lo que pensaba, se empezó a estresar cada vez más.

MILONE: Ellos, claro, pobres. Ellos estaban acostumbrados a que nos levantábamos, playa todo el día y volvíamos y al otro día playa todo el día.

CASASSUS: Pero ella no se sentía con fuerza de nada. Menos de estar todo el tiempo con unos chicos a los que casi ni conocía. Quería dormir todo el día.

MILONE: Yo no tenía ganas de hacer playa, ni todo el día, ni hacerle leche, ni preparar una heladera. No quería hacer nada. Era como muy demandante.

CASASSUS: Los chicos querían a la mamá activa que cada verano iba con ellos a la playa. Y Lucía quería su vida de soltera tal cual la recordaba, sin la responsabilidad de una familia en plenas vacaciones. Quería tener la libertad para hacer lo que quisiera sin que nadie dependiera de ella.

Para ayudarla a recordar, durante esas vacaciones Román y los chicos la acercaban a cosas que sabían que a ella le gustaban. Querían reconectarla con la música, su vocación. Lucía no había vuelto a cantar, ni recordaba sus noches de espectáculos. Es más, ni siquiera sabía qué tipo de música le gustaba.

MILONE: Entonces mi nene Martín me regaló un CD de… de todos los que me regalaron… bueno, de todos los que me compraron en esa época, el que más me impactó fue el de Abel Pintos que hay una canción que es: “Yo ya estuve aquí”.

CASASSUS: Abel Pintos, “Ya estuve aquí”.

(SOUNDBITE DE “YA ESTUVE AQUÍ” DE ABEL PINTOS)

ABEL PINTOS: Ya estuve aquí, ya te di mi amor. Me llenaste el...

MILONE: Y yo la escuchaba y yo decía que yo ya había estado acá. Yo sentía a la larga en esa época que yo había estado, pero no recordaba.

CASASSUS: Como este lugar era al que iban todos los años, Lucía se cruzaba todo el tiempo con personas que decían ser sus amigas, pero que ella no tenía idea quiénes eran. Esto la frustraba bastante.

MILONE: Durísimo no… no conocerlos y… y gente que… que decían que tenían una vida conmigo, ¿no?

CASASSUS: Román trataba de adelantarse para evitarle el mal momento.

RESINES: Como que se los volvía a presentar, ¿no? Le decía: “Bueno, este es fulanito, con ellos compartimos tal cosa”. Pero fue traumático para ella, la verdad es que no, no, no se sentía cómoda.

CASASSUS: Las vacaciones no habían hecho más que empeorar las cosas.

MILONE: No los aguantaba a nadie. No aguantaba a nadie. Al día de hoy digo fue muy kamikaze mío irme con… con gente que no conocía a... a tantos... tantos lugares, ¿no?

ALARCÓN: Lucía cada vez estaba más deprimida. Toda su vida había cambiado solo seis semanas antes y ahora solo quería dormir. Y cuando volvieron de aquellas vacaciones en la costa a Buenos Aires, tocaría fondo.

Una pausa y volvemos.

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ALARCÓN: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón. Antes de la pausa conocimos a Lucía, quien tras un desmayo había perdido la memoria de más de diez años de su vida. Había sido cantante, esposa, madre, pero no se acordaba de casi nada de eso.

Después de una breve hospitalización y sin un diagnóstico claro, Lucía se había ido a pasar unos días a la playa con su esposo Román y sus hijos. El problema es que para ella no eran más que desconocidos. No podía recordarlos. Ahora de vuelta en Buenos Aires, encerrada en una vida que no comprendía, había caído en una depresión terrible.

Aneris nos sigue contando.

CASASSUS: Cuando volvieron de esas vacaciones, Lucía entró en un pozo depresivo aún más profundo. Se la pasaba en la cama.

MILONE: No había nadie que me levantara, ¿viste? Era: “Para qué voy a estar si no recuerdo, si soy más una molestia que… que un… una ayuda”.

CASASSUS: Y un día, cuando se acercaba el cumpleaños de su mamá, Lucía entró en una crisis.

RESINES: Interpreto yo, no quería exponerse ante su familia de esa forma, porque, bueno, seguramente tenemos que concurrir al cumpleaños. Bueno y toda ese… esa situación evidentemente la… la desbordó.

MILONE: Un ataque de llanto impresionante. Llanto, furia, ¿viste?, enojo.

CASASSUS: Román se asustó y llamó al médico.

RESINES: Y es una situación muy fea, ¿viste?, muy fea con los chicos, ¿no?, que la vean en esa situación. Y, bueno, los médicos sugirieron la internación.

CASASSUS: Ese día, el 14 de febrero de 2015, poco más de dos meses después del desmayo, a Lucía la internaron en una clínica psiquiátrica. Le dijeron que debían estabilizarla. Lucía estuvo de acuerdo en internarse. Ya no quería seguir como estaba.

En la clínica la empezaron a tratar para su cuadro depresivo. Compartía el cuarto con otra de las pacientes, Cintia, y se quedaban hasta altas horas de la madrugada conversando. Hacía terapia con un psicólogo y un psiquiatra, tenía musicoterapia, clases de yoga y gimnasia. Pero lo que más le gustaba a Lucía era pintar mandalas. Podía pasarse horas pintando.

Al principio Román solo tenía permitido ir a verla una o dos veces por semana. Y los chicos la llamaban por teléfono y le contaban lo que habían hecho en el día.

MILONE: Y era muy fuerte hablar con ellos porque la pregunta era: “¿Cuándo vas a venir?, ¿cuándo vas a volver?”. Ese... ese momento fue muy fuerte.

CASASSUS: Lucía debía contener las lágrimas cuando hablaba con ellos, porque si en la clínica la veían llorar no la dejaban seguir hablando por teléfono. Pero además porque en ese tiempo que había compartido con ellos había empezado a reconstruir el vínculo.

MILONE: Entonces es como que uno naturaliza y… sí son mis hijos, nada. Fue todo como muy natural.

RESINES: Como que los iba adoptando, entre comillas, de nuevo.

CASASSUS: Y ahora se le hacía insoportable no verlos.

Volcaba la angustia en el diario que seguía escribiendo, tal cual le habían recomendado en la primera internación:

MILONE: Eh, si leo los diarios de esa época es: “Extraño a los chicos, extraño”. Y era… era una locura, “quiero ver a los chicos”. Casi todas las páginas con los chicos. Fue como un momento bisagra esa internación.

CASASSUS: Mientras, en la casa, Román trataba de explicarle a los chicos que todo lo que estaba pasando era para que Lucía estuviera mejor.

RESINES: Y volver a casa y que nada más estar los tres solos, este, cenando y era una situación muy fea. Pero con la esperanza de que esta era la solución para ella, ¿no? Siempre pensando en positivo de que, bueno, a partir de un tratamiento ella podía volver a ser lo que era antes. Esa era la… nuestra zanahoria, digamos.

CASASSUS: En esa época, estando tanto tiempo sola, Lucía empezó a recordar algunas cosas. Detalles de su vida pasada, escenas: viajes con Román y los chicos, un robo que habían sufrido y había quedado como anécdota familiar, la letra de una canción que le gustaba.

Pero si se imaginan que recuperar estas memorias era motivo de celebración, no, no exactamente. Era algo complejo, hasta angustiante.

MILONE: Es rara la sensación, porque no es que vos decís: “Ay, sí, me acuerdo tal cosa”. En ese momento era como que lo estaba volviendo a vivir, como si estuviera pasando en el momento. Y había cosas que eran feas, entonces volver a vivir ciertas cosas no estaba bueno.

CASASSUS: Y había algo más. Nunca podía estar segura de que lo que le venía a la cabeza era una memoria o una imagen inventada. No tenía capacidad de distinguir.

MILONE: Yo me levantaba a la mañana y me venía como la imagen, y hasta que yo no preguntaba, ¿viste?, lo que era. Era como, ¿viste?, muy... una ansiedad bastante fea. Y había cosas que mi marido me podía decir si eran ciertas o no, o eran sueños, y había cosas que mi mamá, y había cosas que nadie me las podía decir, porque por ahí hay gente que ya no estaba más en mi vida.

CASASSUS: Después de un tiempo, la clínica le permitió que además de Román, la visitara su hermano Aldo y sus padres.

RESINES: Y bueno, no… no faltamos a ninguna visita, ni tampoco a ningún llamado telefónico, porque imaginábamos que eso era lo que ella necesitaba al estar encerrada, ¿no?, ahí.

CASASSUS: Lucía dice que la trataron muy bien en esa clínica y aunque estar ahí fue una de las experiencias más duras que ha vivido, ese lugar le ayudó en una forma que la sorprendió.

MILONE: Ahí empecé a sentir el extrañar a esa realidad nueva que tenía.

CASASSUS: A Román y a sus hijos, a esa casa. No era una realidad nueva, claro, solo que así lo sentía. Esa fue su epifanía.

Después de un mes y medio a Lucía le dieron el alta y volvió a su casa muy medicada. Los antidepresivos y las otras medicinas le daban mucho sueño, quería dormir todo el día. Fueron semanas así, en que casi no se paraba de la cama. La situación era muy difícil para todos.

Un amigo de Román, neurólogo, les recomendó que hicieran otra consulta. Así llegaron a un centro de neurología muy reconocido en Argentina, el Fleni. Era mayo de 2015, casi seis meses después del desmayo. A Lucía le iban a hacer unos estudios, pero apenas llegó se desmayó y la tuvieron que internar en el centro neurológico. Es que al salir de la clínica psiquiátrica, había sucedido algo extraño: se desmayaba con frecuencia y cuando se despertaba a veces estaba ausente, desorientada.

En el centro neurológico pasaban a verla muchos médicos, pero uno en particular sería el que le daría una esperanza a Lucía.

JUAN PABLO GARCÍA: Mi nombre es Juan Pablo Garcia Lombardi. Soy médico… médico psiquiatra.

CASASSUS: Juan Pablo trabaja en el Servicio de Neurología Cognitiva, Neuropsicología y Neuropsiquiatría del Fleni. Y a pesar de que a Lucía no le habían dado un diagnóstico, para Juan Pablo y el equipo del Fleni, era bastante claro apenas la empezaron a examinar. Después de hacerle varios estudios para descartar daños neurológicos, llegaron a la conclusión de que Lucía sufría amnesia disociativa. Era la primera vez que le decían algo certero.

La amnesia disociativa afecta la memoria autobiográfica, pero no toda.

GARCÍA: Pueden estar perfectamente orientados en tiempo y espacio, eh, y acordarse de quién es el presidente y si hubo una noticia importante ayer, pero de repente miran a un familiar que tienen al lado y dicen: “¿Y éste quién es?”. O no se acuerdan de qué es lo que hicieron ellos mismos en la última semana o en el último mes.

CASASSUS: Las amnesias se clasifican en dos grupos. Me explicó que las más comunes son las que tienen una base orgánica, las que pueden ser provocadas por un golpe en la cabeza, por ejemplo. Incluso una amnesia causada por una enfermedad neurodegenerativa como el Alzheimer estaría en este grupo.

Pero hay otro tipo de amnesia, las no orgánicas y dentro de ellas, la más frecuente es la amnesia disociativa. Esta se dispara en pacientes como Lucía por causas neuropsicológicas como el estrés.

GARCÍA: La persona hace como... como que borra aquello que le genera mu… mucho estrés a su aparato psíquico. A veces ese borrón busca borrar puntualmente alguna cuestión y se lleva puesta otras, ¿sí? Entonces puede haber lagunas amnésicas más marcadas, pero no hay un daño en el cerebro.

CASASSUS: Lo que pasa es que se aumenta considerablemente el cortisol.

GARCÍA: Que es la famosa hormona del estrés. Y lo que se ha visto es que en pacientes que padecen cuadros de amnesia disociativa hay un exceso de cortisol en ciertas áreas del cerebro que también están implicadas con la recuperación de memorias.

CASASSUS: Y es que la memoria funciona en tres etapas: la adquisición de una vivencia, el almacenamiento de esta como un recuerdo y la recuperación de ese recuerdo para evocarlo en el momento necesario.

GARCÍA: Entonces, el exceso de hormonas de estrés en el cerebro a veces dificulta esa recuperación de recuerdos ya guardados. O sea, el paciente no es que se le borran los recuerdos de la biblioteca, por así decirlo, pero se bloquea el acceso a esos recuerdos.

CASASSUS: Lo fundamental, entonces, es trabajar sobre la causa psicológica que genera estrés para destrabar ese bloqueo. El doctor dice que es como un “trabajo de detective” para indagar qué fue lo que disparó la amnesia disociativa en el paciente.

Además, se debe tratar la enfermedad que acompaña a la amnesia, porque por lo general ésta se da en personas que tienen otros cuadros psiquiátricos como depresión, ansiedad o trastorno bipolar.

La recuperación varía de acuerdo a cada paciente. Hay algunos que recuperan por completo la memoria, otros que lo hacen en forma parcial y otros que van construyendo de vuelta su historia. Pero en realidad saber si se trata de un recuerdo genuino o de una reconstrucción es algo casi imposible.

GARCÍA: Cómo saber si se acuerda porque pudo acceder a la inscripción original o fue lo que inscribió mirando fotos, videos y lo que le contaron, es muy difícil.

CASASSUS: Para Lucía y Román, encontrar por fin a alguien que entendiera lo que estaba pasando, que les pudiera explicar todo esto, fue un alivio enorme. Lucía encontró en Juan Pablo la confianza que le hacía falta para salir adelante.

MILONE: Y me dijo: “Vas a ser lo que eras antes”. Y bueno… y a partir de… de ahí empezó un trabajo con él y… y la verdad es que fue maravilloso conocerlo y fue maravilloso poder creerle todo lo que me decía y… y darle una nueva oportunidad a la familia, ¿no? Una nueva mamá o la misma, pero sana.

CASASSUS: Con el diagnóstico, Lucía supo que muchas otras personas sufrían lo mismo. Que no era la única en el mundo a la que le pasaba esto. Después de tres días de estar internada en el centro neurológico, Lucía volvió a su casa y siguió tratándose con Juan Pablo en el consultorio. Al poco tiempo le ajustó la medicación y le quitó varias que le daban mucho sueño. Le aconsejó también seguir una terapia cognitiva conductual y empezó a entender que todo esto lo había causado el estrés.

MILONE: Estaba todo el tiempo pensando en el trabajo y pensando en qué iba a hacer y… y la casa, los chicos. Era mucho, no, no, era mucho. Entré en una locura que no paraba. No dormía, yo llegué a no dormir.

CASASSUS: Decidió concentrarse en su recuperación. Seguir el tratamiento, descansar lo suficiente y no volver a la vida frenética que tenía antes del desmayo. Lucía no quería bajo ninguna circunstancia volver a la clínica psiquiátrica. Y menos aún...

MILONE: Volver a hacerle pasar a mis hijos lo que les hice que pasar.

CASASSUS: Román, al igual que había hecho cuando le regalaron aquel disco de Abel Pintos, seguía acercándole cosas que le gustaban. La invitaba a los restaurantes donde iban antes o le ofrecía sus comidas favoritas. Quería volver a conquistarla.

MILONE: Fue como... el tipo se la aguantó bastante, ¿no? Y se aguantó una mujer que lo rechazaba en todo sentido, ¿no?, y que estaba con él, pero que no… no era su mujer. Y me volvió a enamorar, obviamente.

CASASSUS: Poco a poco, Lucía iba mejorando. Se sentía con más energía. Y como pequeñas revelaciones, los recuerdos seguían apareciendo esporádicamente. Le llevó meses recordar uno de los momentos más importantes de su vida: el nacimiento de su segundo hijo.

MILONE: Y cuando lo recordé, fue angustioso, no desde lo feo, sino desde el de haber perdido el recuerdo, ¿no?, y volver a recordarlo.

CASASSUS: Una sensación extraña, de recuperar algo que no sabía qué tan valioso era hasta que lo volvió a recordar.

Hoy, seis años después, Lucía siente que ha recordado, o al menos ha podido reconstruir lo más importante de su historia. En su casa ya no tiene fotos de ella arriba de los escenarios. Las reemplazó por fotos con Román y con los chicos. Cuadros con los mandalas que pintaba en la clínica psiquiátrica. Cuando entrás a su casa podés armar una historia con lo que ves y te das cuenta de que están ahí, en las paredes, para que cada vez que las vea le recuerden quién es.

ALARCÓN: Según estudios científicos, entre el 0,2 y el 7,3 por ciento de la población sufre de amnesia disociativa. Hoy Lucía hace una vida normal y toma una sola pastilla por día. Está escribiendo y dirigiendo obras de teatro pero todavía no se ha animado a escribir el guión de su propia historia. Todos los veranos vuelve a Costa Azul con Román y los chicos. Dice que ese es su lugar en el mundo.

Aneris Casassus es productora de Radio Ambulante. Vive en Buenos Aires. Esta historia fue editada por Camila Segura y por mí. El diseño de sonido es de Andrés Azpiri con música de Rémy Lozano. Andrea López Cruzado hizo el fact-checking.

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Lisette Arévalo, Jorge Caraballo, Victoria Estrada, Xochitl Fabián, Miranda Mazariegos, Patrick Moseley, Barbara Sawhill, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa y Desirée Yépez.

Fernanda Guzmán es nuestra pasante editorial.

Carolina Guerrero es la CEO.

Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, y se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.

Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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